"Antón Casamor: luz y escultura"
12.06-23.08.2026Hasta el 23 de agosto, el Museo Lázaro Galdiano y la Fundació Casamor proponen una nueva lectura de la obra de Antón Casamor (1907-1979), una de las figuras fundamentales de la escultura catalana del siglo XX, para crear una experiencia en la que las esculturas del artista se sitúan directamente en la naturaleza, bañadas por la luz cambiante, generando un diálogo dinámico entre texturas, sombras y entorno.
Las obras de Anton Casamor: luz y escultura se sumergen en el jardín de Parque Florido. 13 piezas de yeso patinado, terracota, piedra, bronce y mármol se distribuyen por un espacio poco habitual, donde las esculturas del artista catalán dejan de ser solo formas equilibradas para convertirse en preguntas abiertas sobre la relación entre cuerpo, materia y entorno, gracias a la "luz en transformación", como afirma la comisaria, Marta Carreté.
Las esculturas, de un lenguaje escultórico que destaca por su sobriedad, precisión y pureza formal, nos devuelven al Casamor original, ubicando serenos desnudos femeninos, como aquellos de Casanovas, Eusebi Clará y Arístide Maillol, entre la frondosa vegetación de Parque Florido. Un retorno al canon clásico -evocado por el novecentismo y su reacción contra el gusto imperante- como modelo de eternidad, orden y mesura, junto con el equilibrio del mediterranismo, que constituye la base de la obra de Casamor.
Anton Casamor
Procedente de una estirpe vinculada al arte y la cultura, se formó en Figueres y Barcelona con Juan Núñez y Josep Dunyach, con el que trabajó como ayudante en la Exposición Internacional de 1929. Estudió dibujo con Salvador Dalí, al que unió más tarde una gran amistad. Estuvo vinculado desde joven a la tradición escultórica catalana y enriqueció su mirada con las influencias clásicas mediterráneas, especialmente a raíz de sus estancias en Italia y París.
Enamorado de su profesión y del arte de su tiempo, tras la Guerra Civil, Casamor vivió su momento de máximo esplendor artístico. En 1940 expuso, con gran éxito, en las Galerías Syra, y su obra fue reconocida en exposiciones nacionales e internacionales, incluidas la Bienal de Berlín y la de Venecia. En 1960, recibió el encargo de realizar las esculturas de Sant Josep y Sant Jaume para la fachada de la catedral de Girona, un proyecto que supuso un gran reto artístico, puesto que debía conectar su estilo contemporáneo con el estilo barroco de la catedral.
Reconocido por su compromiso con la forma y el equilibrio del cuerpo humano, su producción, eminentemente escultórica, aunque con una importante producción plástica, se caracteriza por la búsqueda de serenidad, proporción y la constante presencia de una figura humana idealizada que evoca solidez y quietud.
Fue un apasionado del coleccionismo, interés que le surgió al regresar a su casa familiar de Navata, una masía del siglo XVIII, y encontrársela devastada por la Guerra Civil. Allí llegó a reunir más de 400 piezas (pintura flamenca, italiana y española, tallas de madera románicas, góticas y barrocas y esculturas de piedra, mármol y alabastro). Hoy se conserva en la Fundació Casamor, gracias a la labor de su sobrino, Carlos Casamor.